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lunes, 7 de abril de 2014

Robert Cray - In My Soul

"In My Soul" de Robert Cray es una de las novedades que el 2014 trae para los seguidores de este genial guitarrista, y para los amantes del blues en general. Este material no decepciona, se trata del ejemplo de un sonido muy definido, un sonido que a estas alturas podemos llamar "el sonido Cray", muestra de una maduración y una identidad bien definida. El título del álbum, "In my soul", revela bastante de lo que vamos a encontrar allí. Se trata de un disco lleno de soul. El toque blusero característico de este versátil y experimentado guitarrista se enriquece con un aire soul que recorre de manera pareja todas las canciones de esta placa, la número veintiuno de su carrera. Este nuevo trabajo puede entenderse además como un viaje a las influencias del propio Cray, influencias que nos llevan a los años sesenta y setenta. En homenaje a ellas es que podemos encontrar versiones de Otis Reding (Nobody's Fault But Mine) y de Isaac Hayes (Your Good Thing Is About To End), pero también temas propios de Cray que están a la altura de las circunstancias.
Este guitarrista, varias veces ganador del premio Grammy, demuestra una vez más que merece los elogios que desde hace tiempo viene cosechando. "In My Soul" es un álbum parejo desde todo punto de vista. No sólo encuentra una coherencia perfecta entre covers y composiciones propias, sino que la impronta soul se percibe de principio a fin (incluso, la tapa del disco tiene un diseño vintage que alude a los años sesenta). Entre los temas más interesantes se encuentran "Nobody's Fault But Mine" con un claro sonido con reminiscencias soul y funk de los años setenta, y “Hold On”, la balada más seuptempo al disco en general. En definitiva, "In My Soul" es un disco que disfrutaran tanto amantes del blues como del soul. Una muestra cabal de la vigencia de Robert Cray y un viaje a una época musical que vale la pena investigar.
ntida de todo el disco. Precisamente, las baladas tienen un lugar especial en este trabajo. Canciones como "Fine Yesterday", "Hold On" y "Deep in My Soul" son ejemplo de ello. También la sección de vientos es una de las estrellas de esta nueva producción, "Nobody's Fault But Mine" y "Deep in My Soul" lo demuestran. Por último, el tema instrumental "Hip Tight Onions" revela un notable trabajo de Dover Weinberg en el Hammond y agrega un momento uptempo al disco en general. En definitiva, "In My Soul" es un disco que disfrutaran tanto amantes del blues como del soul. Una muestra cabal de la vigencia de Robert Cray y un viaje a una época musical que vale la pena investigar.


Robert Cray (01/08/1953 - Columbus, Georgia. EEUU) es un guitarrista de blues estadounidense, cinco veces ganador del premio Grammy y con más de veinte discos en su carrera. Entre sus trabajos más conocidos se cuenta "Strong Persuader" (1986). "In My Soul" (2014) es su último trabajo.

domingo, 12 de mayo de 2013

Hugh Laurie - Didn't It Rain (Warner Music Entertainment, 2013)



Los segundos discos suelen ser, sobre todo si su predecesor fue un rotundo éxito, un intento de consolidar un sonido y mostrar que lo anterior no había sido pura suerte. “Didn’t It Rain”, el segundo disco de Hugh Laurie intenta ser ese trabajo que lo consolide en el rico y abundante panorama del blues. Sin embargo, este disco tal vez deba ser valorado no sólo por el intento de hacerse un lugar en el blues contemporáneo, sino además -y creo sobre todo- por los riesgos que se anima a correr.
Este disco también se trata de una recopilación de temas y standards clásicos del blues. Laurie había intentado esta formula en su disco anterior, “Let Them Talk”. Entonces como ahora la selección funciona perfectamente. Los temas seleccionados cumplen al menos dos objetivos: se adaptan perfectamente a la voz y al estilo Laurie y sirven como una interesante muestra del rico material que el blues al estilo New Orleans tiene para ofrecer. En "Didn't It Rain" se pueden apreciar composiciones de W.C. Handy (“The St. Louis Blues”), Dr. John (“Wild Honey”), Joe McCoy (“The Weed Smoker`s Dream”) y Sister Rosetta Tharpe (“Didn't it rain”).
Todas estas composiciones son ejecutadas de una manera inmejorable por Laurie y sus acompañantes: su banda, the Copper Bottom Band y sus tres escoltas de lujo, Taj Mahal, Gaby Moreno y Jean McClain. Estos tres invitados aportan sus voces en momentos claves el disco dándole un matiz en donde reside gran parte de la riqueza de este disco. El desempeño vocal es la estrella de la segunda placa de Hugh Laurie, sobre todo si consideramos el fantástico trabajo que hizo Jean McClain cantando cuatro temas de este disco (“The St. Louis Blues”, “Send me to the 'lectric chair”, “I Hate a man like you” y “Didn't it rain”). El desempeño de Gaby Moreno (“Kiss of Fire” y “Didn't It Rain”) y Taj Mahal (“Vicksburg blues”) contribuyen a enriquecer los matices que este material tiene para ofrecer. La voz de Laurie, aunque no tiene el color típico del blues, no defrauda en ningún momento.“Didn't It Rain” ofrece distintos momentos que se encuentran muy bien equilibrados. Baladas sentidas como “Careless love” o “I hate a man like you” se conjugan adecuadamente con temas más up tempo como “Wild Honey” o “Didn't Rain” –a nuestro juicio los dos momentos más interesantes de este album.
Pero lo más destacable de “Didn't It Rain” nos pareció los riesgos que tomó. Las cercanías con el jazz que se perciben aquí pueden ser perfectamente explicables por las  características del blues de New Orleans, en cambio, nada parecería explicar los coqueteos que este disco tiene expresamente con el tango. Desde la introducción de “The St. Louis Blues” pueden sentirse ciertas alusiones al tango, alusiones que se convierten en explícitas señales cuando la voz de Gaby Moreno inicia “Kiss of Fire” cantando en perfecto español los primeros versos de “El Choclo” de Enrique Santos Discépolo. Tal vez este experimento suene extraño a muchos bluseros, pero no deja de haber ahí la necesidad de reconocer un riesgo que sirve como cifra de todo el disco. Todo esto convierte a “Didn’t It Rain” en un trabajo muy (pero muy) poco usual en estos días.

domingo, 21 de abril de 2013

Robin Trower - Roots and Branches (Manhaton, 2013)



¿Qué mejor homenaje se le puede hacer al blues sino volver a las raíces? Así lo entiende el legendario guitarrista inglés Robin Trower en su último trabajo, titulado precisamente "Roots and Branches". El disco se compone enteramente de covers que alcanzan a los exponentes más importantes del blues y del rock del siglo pasado. En la guitarra de Trower se encuentran “Big Mama” Thornton y Albert King, Willie Dixon y BB King, Gary Moore y Elvis Presley. Con este material, Trower se las ingenia para componer un muy balanceado y accesible trabajo de blues rock en el mejor sentido del término. Se trata de un disco poco usual, no por ninguna extravagancia, sino justamente por lo contrario: es un trabajo sencillo, honesto que atrae la atención desde los primeros compases. 
Al tratarse de una de las leyendas vivas del blues existe por supuesto en este trabajo varios aspectos a destacar. La voz de Trower es sin duda uno de ellos. Los sesenta y ocho años del guitarrista parecen no haber hecho la menor mella en su voz, la cual siempre aparece precisa (sobre todo en "When I Heard Your Name") y encajando de manera perfecta en el contexto del disco. El registro expresivo que maneja es envidiable: Trower puede surgir con un voz propiamente blusera, como lo hace en su versión de "Little Red Rooster" o puede adecuarse a lo que exige una balada como en "I Belive To My Soul". Pero sin dudas es la guitarra el elemento central del disco. Esta placa muestra una guitarra versátil y experimentada, igual de efectiva en las varias de las sentidas baladas que tiene el disco ("I Believe To My Soul","Save Your Love" y "Sheltered Moon") como en temas más propios del blues rock ( "When I Heard Your Name", "That's Alright Mama", "Born Under A Bad Sign" y "See My Life"). Robin Trower encuentra en este disco un sonido muy propio, marcado por un uso muy particular de recursos al momento de acercarse a la guitarra. Notables estiradas ("The Thrill is Gone", "Hound Dog"), bases distorsionadas y hasta una inusual presencia de wah-wah en temas de blues ("Sheltered Moon" y "See My Life") son parte de los recursos que Trower pone a disposición para conseguir un sonido notable y para constituirse en un momento de enseñanza para aquellos aspirantes a guitarristas de blues. Trower enseña que menos es más: a veces sólo un puñado de buenas notas en el momento preciso basta para poder decir algo interesante. Este disco –el número diecinueve en su carrera solista–  está decididamente a la altura de las exigencias de todo buen blusero.

N.A.

domingo, 7 de abril de 2013

Robben Ford – Bringing It Back Home (Provogue, 2013)




Un sonido, una identidad musical no es azarosa; es el trabajo de años asimilando experiencias, influencias y aprendizajes. Robben Ford es un ejemplo de este trabajo. En el estilo de Ford se encuentran estilos de lo más variados: desde el funk, pasando por el jazz hasta llegar al blues, sin dejar de lado por supuesto toques de pop o incluso algo de rock. Eclecticismo en un estado puro. Algo de esto podemos encontrar en su más reciente trabajo, "Bringing It Back Home". Se trata de un album de covers, donde se versionan temas de una amplia gama de compositores: desde Allen Toussaint hasta Earl King pasando por composiciones tradicionales como "On That Morning". Se trata de un album que se balancea entre momentos funk ("Everything I Do Gonna Be Funk") y momentos más bluseros ("BirdsNest Bound". "Slick Carper Blues" y "Fool's paradise") sin olvidar pasajes eminentemente jazzeros ("Traveler's Waltz"). 
No encontraremos aquí una guitarra virtuosa y velocista. Por el contrario, este trabajo de Ford se encarga de generar un ambiente más relajado con una guitarra siempre precisa que no se arriesga a desperdiciar ni una sola nota. El trabajo vocal de Ford es impecable y esta apoyado por excelentes secciones de vientos a cargo de del trombonista  Stephen Baxter. También hay que destacar el fantástico trabajo que hace Larry Goldings a cargo del Hammond B3, el cual puede apreciarse en "Oh, Virginia" o "Slick Capers Blues". Con todo, los fanáticos de las seis cuerdas podrán encontrar pasajes más que interesantes en este disco de Ford. "Traveler's Blues" es una tema instrumental, una balada blues con notas octavadas y con claras reminiscencias de jazz que muestran de lo que es capaz Robben Ford.
Quienes busquen blues en este trabajo (por lo menos, el blues tradicional), tal vez no lo encuentren en las cantidades deseadas, pero no deja de ser una buena oportunidad de apreciar la versatilidad de un guitarrista que tiene, por derecho propio, ganado un lugar entre los mejores exponentes actuales.

N.A.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Robert Cray - Nothin But Love (Mascot Label Group, 2012)



El 2012 nos deparó gratas sorpresas. Una de ellas es el último disco de Robert Cray, Nothin But Love. Se trata del disco número veinte en la carrera de este prestigioso guitarrista de blues. ¿Cuáles son las novedades de este disco? A decir verdad, no hay en esta placa muchas, digamos, revoluciones. Se trata de un ejemplo claro del sonido Cray, lo cual lejos de ser una crítica representa un elogio. Su guitarra es ya una marca registrada que no defrauda y que después de años de rodaje sigue manteniendo una frescura difícil de encontrar.
Aunque, como dijimos, Robert Cray es mundialmente conocido como guitarrista de blues, a su concepción de blues no le cabe la denominación de clásico o tradicional. Algo de eso puede verse en este último trabajo. Sólo cuatro composiciones de Nothing But Love pueden se consideradas claramente como blues. Un aire blusero puede escucharse en “I’ll always remember you” mientras que “Side dish” se trata de un tema uptempo con reminiscencias de blues texano, allí se encuentran ciertamente las notas más optimistas del disco. En “Blues Get Off My Shoulder” hallamos un típico ejemplo de blues à la Cray; se trata de una versión accesible de un slow blues con una sección de vientos y un sutil hammond de fondo que encuentran perfectamente su lugar en la composición. El último ejemplo de blues lo podemos apreciar en “I’m Done Cryin’” con una historia dura y actual (alguien que sufre las consecuencias de la crisis económica lo que lo lleva a replanteos referentes a la dignidad), una guitarra que parecería emular la caída de lágrimas y una sección de cuerdas más que conveniente, marcando un ritmo que por momentos se convierte en casi una marcha en el momento en el que el protagonista de la historia se decide a no derramar más lágrimas (“I’m done cryin’”). Quienes busquen blues puro y duro no encontraran mucho en Nothin But Love. Más blues hay en otros lugares de la ya extensa carrera de Robert Cray. Su disco en vivo, Cookin' in Mobile, es una excelente oportunidad para entender el porqué de su reputación como guitarrista de este género centenario. Un repaso de clásicos de su carrera y temas nuevos en clave de blues hacen de ese trabajo un interesante hallazgo para los fanáticos de los doce compases.
Las letras de Cray suelen contar historias. Casi siempre tratan de experiencias amorosas, no siempre felices. A veces, también son introspecciones, reflexiones sobre aspectos de la vida. Las relaciones son, sin embargo, siempre el tema preponderante. Nothin But Love no es la excepción a esta tradición que Cray viene cultivando y que hacen de sus composiciones verdaderas marcas personales. En este caso hay referencias además a realidades sociales (“I’m Done Cryin’”) y recuerdos de infancia (“Great Big Old House”).
Quienes sigan la carrera de este versátil guitarrista no quedarán decepcionados por este disco en donde encontramos a un intérprete mucho más que maduro, con un estilo definido y con ideas claras. Allí apreciamos una guitarra que casi nunca se encontró enmascarada con efectos, un sonido preciso de Stratocaster limpia que hará las delicias del no pequeño grupo de admiradores que este guitarrista con más de veinte años de carrera supo conseguir.

N.A.

domingo, 30 de septiembre de 2012

BB King & Eric Clapton - Riding with the King (Warner, 1991)



Las reuniones de músicos suelen ser encuentros interesantes. Cuando en el 2000, BB King y Eric Clapton se encontraron para grabar Riding with the King no hicieron sino confirmar aquella intuición. A contrario de lo que puede imaginarse, este es el primer álbum que ambos graban en conjunto y constituye un verdadero tributo al blues. Así lo entendieron los jurados que en el año 2000 lo galardonaron con el Grammy al Mejor Album de Blues Tradicional. Aquello de "tradicional" adquiere sentido al repasar la lista de temas: allí nos encontramos con varios clásicos de blues, entre  los que se cuentan varios temas de BB King, hoy devenidos momentos ineludibles en cualquier repertorio de blues. Los clásicos que ambas guitarras repasan abarcan un período de tiempo bastante importante: desde "Riding with the King" de John Hiatt de 1983 hasta "Key to the Highway" del mítico Big Bill Broonzy que se editó por los años 40 del siglo pasado. Los temas del propio King abarcan un período que también podía considerarse como "clásico", más precisamente,  entre los 50 y los 60. De esa época son "Ten Long Years", "Three O'Clock Blues", "Help the Poor", "Days of Old" and "When My Heart Beats Like a Hammer". Llama la atención, sin embargo, que en la selección no haya ni una sola canción de Clapton (uno hubiese imaginado, quizás sin demasiada dificultad, que alguna versión de "Same Old Blues" de su álbum  "Behind The Sun" de 1986 hubiese funcionado bien en el contexto del disco).
Cuando se anunció que BB King y Eric Clapton habían grabado juntos, uno imaginaba que la reunión de los dos más grandes guitarristas de blues vivos podía ser una experiencia musical única. Sin embargo, al escuchar el disco no es precisamente esa la sensación que nos queda. “Lucille” parece mucho más presente a lo largo de los sesenta minutos del disco que la Stratocaster de Clapton, quedando ésta relegada en ocasiones a un lugar casi de acompañamiento. A pesar de todo, existen -es cierto- momentos de verdadero diálogo entre estos maestros, tal es el caso del final de "Hold On I'm Comin'". Con todo, los fanáticos  de Clapton no se quedarán con las manos vacías. En la versión acústica de "Key to the  Highway" sobrevuela el inconfundible toque de Clapton convirtiendo a ésta en una de las mejores versiones del clásico de Big Bill Broonzy.
Hay varios aspectos innegables y muy rescatables de este trabajo que en su momento no fue tan bien recibido por la crítica especializada como cabría suponer. Por un lado, es innegable que las voces de ambos se encuentran en un momento óptimo y dan cuenta de eso en cada uno de los temas (no puede decirse que en alguna canción las voces no estén correctas). Por otro lado, la selección y la organización del disco lo hacen increíblemente balanceado, alternando muy correcta y sutilmente entre los slowblues y temas con un ritmo más marcado y rápido. En definitiva, un disco más que interesante y una oportunidad imperdible de asistir a un encuentro único.

N.A.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Stevie Ray Vaughan – The Sky Is Crying (Epic, 1991)



The Sky Is Crying es una compilación póstuma, lanzada en 1991, un año después de la muerte de Stevie Ray Vaughan. No nos equivocaríamos si dijésemos que se trata de un disco que puede pensarse como un tributo que Vaughan realiza a sus influencias y al blues en general: sólo dos de los diez temas que componen la placa son de la autoría de SRV. Los homenajeados van desde Elmore James (“The Sky Is Crying”) hasta Willie Dixon (“Close To You”) pasando por Lonnie Mack (“Wham”) o Howlin’ Wolf (“May I Have a Talk With You”). A pesar de ser un disco con un marcado estilo de blues, hay sin embargo espacio para incursiones en el mundo del jazz; más precisamente, con el tema “Chitlins con Carne”, de Kenny Burrel, queda demostrada la impresionante versatilidad de SRV en su faceta interpretativa. Incluso podríamos decir que la versión del propio Vaughan podría ser considerada como más cercana al espíritu del jazz que la de su autor: en la intro del tema apela a una técnica de notas octavadas (inspirada claramente en Wes Montgomery) que dan un estilo jazz mucho más pronunciado que en la versión original. Sin lugar a dudas es la versión de “Little Wing” la verdadera estrella del disco. Allí SRV realiza una interpretación tan libre como respetuosa del clásico de Jimi Hendrix. Se trata de una combinación perfecta entre sentimiento y técnica, entre pasión y virtuosismo. Después de escuchar esta versión se comprende por qué este tema es considerado como una de las mejores interpretaciones de este clásico.
Este disco refleja la madurez interpretativa y técnica de Stevie Ray Vaughan. En él se pueden encontrar todos los elementos característicos de su concepción rítmica y solista de la guitarra: su rasgueo típico, casi circular (“Boot Hill”, “Empty Arms”, “Wham”, “Close To You”), matizado con estiradas marcadísimas (“The Sky is Crying” “So Excited”) y con su muy particular uso de la palanca (“The Sky is Crying”, “Wham”). Cerrando el disco, se encuentra una sentida versión acústica de "Life by the Drop" de su amigo Doyle Bramhall. La versión que aparece en The Sky is Crying es íntima y sencilla, tan delicadamente interpretada en una guitarra de doce cuerdas que es difícil relacionarla a primera vista con la versión original.
Al ser un disco de versiones de blues, las letras de Sky Is Crying no agregan muchas sorpresas a aquellos familiarizados con los temas interpretados allí. La única novedad es el hecho de que “Little Wing” es aquí un tema puramente instrumental. Se trata de un homenaje no sólo a Hendrix, sino a la guitarra de blues. Algo de eso queda claro al ver el video de este tema en donde la cámara retrata, además de escenas protagonizadas por SRV y otros bluseros, el proceso de producción de una stratocaster; esta idea del homenaje a la guiatarra de blues parece acentuarse cuando vemos el video finalizar con Big Bill Broonzy cantando la última estrofa de “Saturday Evening Blues”: “[we three were so happy] my wyfe, my guitar and me…”
The Sky Is Crying es una excelente oportunidad para conocer el genio de Stevie Ray Vaughan y una insuperable ocasión para acercarse por primera vez al blues. Nadie puede salir decepcionado de este encuentro con uno de los más grande guitarristas del siglo XX.

N.A.

domingo, 12 de agosto de 2012

Muddy Waters - Electric Mud (Chess, 1968)


Si reseñar un clásico siempre es una tarea difícil, no es exagerado afirmar que el trabajo se complica si el disco en cuestión es Electric Mud de Muddy Waters. Aparecido en 1968 en el sello Chess, después de un trabajo colectivo como Super Blues con un marcado sonido tradicional, Electric Mud no sólo es una confirmación en el espíritu eléctrico, sino que es un campo en donde el blues se abre a experimentaciones que en su momento le valieron el calificativo de “psicodélicas”. Un repaso atento nos muestra que casi nada ha quedado ajeno a la innovación y, sin embargo, no se trata por eso de un trabajo que olvida las raices. Hay un balance interesante entre novedades y un profundo sentido de blues. Todo parece encontrar su lugar en un trabajo que decanta por una muy precisa producción a cargo de Gene Barge, Charles Stepney y el mismo Marshall Chess.
Una de las innovaciones más interesantes que propone este trabajo está en el acercamiento a la guitarra de blues. La dama eléctrica de seis cuerdas es, sin dudas, la protagonista de este disco. Un uso inusual para el blues del wah-wah (“Tom Cat”, “The Same Thing”), el transitar por escalas distintas a la pentatónica (“Let's Spend the Night Together”, “Herbert Harper's Free Press News”) y un acercamiento técnico inédito (hay un tremolo interesante al finalizar “She's Alright”) hacen de este disco un paso obligado para quienes quieran entender el mundo de la guitarra de blues y, sobre todo, el peso de Muddy Waters como ejecutante. El costado propiamente de blues se confirma con clásicos como “I'm your Hoochie Coochie Man”, “Mannish Boy” y “The Same Thing”. Las fuertes y definidas líneas de bajo puestas por Louis Satterfield son el contrapunto blusero cuando se recorren caminos que no están estrictamente dentro de los tradicionales doce compases, tal es el caso de "Let's Spend the Night Together" de Jagger y Richards; la versión de Muddy Waters le agrega un riff de guitarra que recuerda a las mejores épocas de Cream, otorgándole toda una nueva dimensión.
Tal vez sean las letras donde la innovación no se hizo del todo presente. Con excepción “Herbert Harper's Free Press News”, las letras de Electric Mud hacen referencia constante a la sensualidad, remarcando distintos aspectos de esta realidad. Desde las sospechas de infidelidad (“She’s Alright”) hasta el reconocimiento del costado instintivo de esta experiencia humana (“The Same Thing") pasando por la construcción de una virilidad exacerbada (“I’m your Hoochie Coochie Man”, “Mannish Boy”).
Electric Mud es la respuesta perfecta para quienes piensan que el blues es un género predecible en donde todo se ha hecho. Sin embargo, algo nos dice que su influencia no tuvo repercusión directa en el blues. De hecho, quienes más se sintieron marcados por este disco fueron artistas de hip-hop: Cypress Hill samplea partes de “Tom Cat” y, más contemporáneamente, Gorillaz usó partes de “Mannish Boy” en su tema “Left Hand Suzuki Method”. Como sea, Electric Mud es una obra ineludible en la comprensión del blues contemporáneo, algunos la pueden considerar extravagante, pero nadie puede serle indiferente.